Uno de mis mayores activos morales es la libertad absoluta de expresión. Como decía Voltaire "No respeto tu opinión, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a expresarla" (Wikipedia).
Esta sencilla frase, estudiada en la antigua E.G.B. (Educación General Básica para los más noveles), es uno de mis máximos principios, en el que, realmente, baso mis valores morales.
Es por ello, que, no me indigno cuando un derechista, abortista, neo conservador y demás ideologías del palo expresa su opinión sobre, por ejemplo el derecho al aborto. Puedo no compartir su opinión. Pero no me indigna, puesto que, al fin y al cabo, lo que el opine sobre eso o sobre la independencia de Euskadi me la trae al fresco, puesto que, no está en su mano obligarme a no abortar (en caso de que fuera mujer). Afortunadamente, estamos vivimos en un Estado de Derecho, cuya legislación se rige por por la Constitución. Es por ello, que a pesar de haber vivido bajo mandato de derechas (elegido popularmente), el aborto no ha sido ilegalizado y el catalán o el euskera no han desaparecido. Por que la Constitución los protege. Y ESO ME BASTA.
Me importa un bledo si creen que el aborto debería ser pecado o delito. Me importa un bledo su opinión sobre el catalán o sobre la enseñanza de religión en las escuelas. Parto de la base de que, incluso en el peor momento de la democracia, (en sus inicios), cuando me obligaban a rezar un Padre Nuestro y a cantar el himno de España (el de letra de Falange Española), aún así, en ese momento, yo, en vez de recibir clases de religión, me iba a ética, la alternativa para los que como yo, no estamos ni bautizados, ni tenemos creencia religiosa alguna.
Dicho esto y expresada abiertamente mi opinión, ahora me dedico a relatar mis experiencias.
Resulta que, soy más respetado por mis amigos mas acérrimamente derechistas, que conocen mi ideología política abiertamente izquierdista, atea y reformadora, que por mis amigos (y bastantes de mis parejas, ahora ya ex) de izquierdas, por el simple hecho de respetar las opiniones ajenas.
Un tio de derechas, me respeta más al decir que soy pro-aborto que un tipo de izquierdas al decirle que soy antiaborto.
Evidentemente, soy partidario del aborto, pero es sorprendente lo mucho que puede llegar a ofenderse un supuesto defensor acérrimo de la libertad de expresión ante esta humilde prueba. Probadlo vosotros. Veréis que, el principal bastión ideológico de la izquierda (y mi favorito) se diluye como un terron de azucar en un vaso de agua ante la prueba.
Parece que digan: "Hey chicos, la libertad de expresión está bien, pero solo si opinas lo mismo que yo. Si no, pues te insulto y te desprecio".
Me sorprende la irritabilidad de estas personas.
Es decir: Que puedo decirle a un tipo de derechas (y es cierto) que soy comunista y aún así, argumentandole, ganarme su respeto pero no puedo decirle a un tipo de izquierdas que respete la opinión de un tipo de derechas sin irritarle.
La gente de derechas, no suele aceptar de buen grado las opiniones ajenas cuando no son de su misma ideología, sin embargo, muchos en la izquierda...hacen lo mismo!!! y lo peor de todo, es que no se dan cuenta de que, se ponen al mismo nivel.
Una pelea solo es callejera si los contendientes están dispuestos a jugar sucio.
Pues bien, en cuestión de ideologías, ambos bandos están tan convencidos de su ideario que están dispuestos a pelear lo más sucio posible (léase Guerra Civil).
Me encanta esa actitud de, ¡es que son unos fascistas!, como si eso eliminase cualquier necesidad de diálogo y respeto.
Jamás compartiré ni un solo punto ideológico con un tipo de derechas (incluso de la derecha más moderada), pero jamás obtendrá mi respeto alguien que los desprecie por lo que piensan. Puesto que, es el primer paso para empezar a matarlos por sus ideas. Y eso lo hicieron ellos, no me vereis a mi empuñando un arma de ningun tipo para matar a alguien que cree que la religión católica es la verdad absoluta por mucho que me pudiera llegar a irritar esa idea.
Así que, tiendo a la burla con aquellas personas de facilidad para la ira por no saber respetar las opiniones ajenas. Sean de derechas o de izquierdas. Si no te gustan mis opiniones, no las escuches. Nuestra relación no se basa precisamente en la ideología, así que, por que cabrearnos por algo en lo que no estamos de acuerdo?
Y seguirán sin entenderlo.
Y aquí llego al punto en el que me desahogo. En ese en el que suelto la muerda sin misericordia, en el que, con toda la crudeza, digo lo que pienso y lo que me pasa por la cabeza, y en el que es mi segundo valor moral tras la defensa a muerte de la libertad de expresión:
SI NO TE GUSTA COMO SOY, CARRETERA.
Thursday, 28 May 2009
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