11 Nov 2014

Sobre tiempos mal gestionados y lunares bien contados



Hablemos de tiempo perdido. De horas, días, meses, minuteros y segunderos. Expliquémonos lo que ya sabemos, que el tiempo pasa y que nada cambia, pero que a cada instante existe un nuevo riesgo de que todo se transforme. Decidamos que entendemos que nada es inmóvil para siempre.
Hablemos de los riesgos de desperdiciarlo. De las infinitas posibilidades de que todo se desvanezca en cada segundo que pasa sin haber sido el último que se malgasta. Aceptemos que pueda desvanecerse con el más suave chasquido de un par de dedos que no quieren hacer ruido.
Hablemos de los previsibles resultados, esos que nos obligarán a ponernos una máscara de sorpresa. Máscaras venecianas, máscaras de dinosaurio y antifaces de superhéroe.
Hablemos de números; de la contabilidad de los lunares, los ya inventariados que siguen necesitando un recuento para confirmar que ninguno fue olvidado por este viejo auditor. Hablemos de blusas con corazones y botones por desabrochar. Hablemos de cuellos en los que faltan labios que rellenen los huecos.
Busquemos esos segundos, minutos, horas, semanas y meses. Rastreémoslos hasta su origen y averigüemos que fue de ellos. Descubramos, juntos, si han ido a parar a algún Banco del Tiempo en el que puede que algún banquero, sin duda más listo que nosotros, los haya gestionado para ti y para mí. Nuestro plan de pensiones para cuando el inmovilismo se acabe.




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