6 Apr 2015

Frío

He subido todo lo alto que he podido para tener frío en un lugar donde nunca es un verdadero invierno.
El frío es el juguete que te distrae. Es un actor egoísta que exige tu devota estupidez. Te deslumbra a oscuras y te da a elegir: es él, el frío, o todo lo demás.
Yo me quedo con él; elijo idiotizarme para dejar de arder.
Todo lo demás es tratar de hacer razonable lo irracional; permitir que el instinto de supervivencia se aferre a excusas autocomplacientes. El instinto obliga a ser creativo, a encontrar puertas dónde no recuerdas que hubiera alguna. Miente.
Porque cuando el instinto es incapaz de hacer que controles tus propias manos, cuando no logra hacerte olvidar que tus orejas duelen como cualquier otra parte del cuerpo y el lagrimal izquierdo decide que es momento de segregaciones incontenibles; el frío gana y todo lo demás pierde.
El frío ciega, embota, mata sin dolor pero con crueldad: La crueldad de tomarse su tiempo. Una crueldad dulce, llena de alivio; el alivio de ignorar lo que el instinto cree poder salvar.


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