5 Nov 2016

Balance de situación de mi empresa

He llorado. He llorado mientras cagaba.
He llorado mientras cagaba… ¿En qué lugar me deja eso?
No respondas, es una pregunta retórica. Sé exactamente en qué fondo me he quedado arrodillado.
He llorado mientras cagaba, leyendo un tebeo francés sobre una chica que es el reemplazo de sus padres a un pasado muerto.
He llorado como reemplazo y como pasado muerto.
Han sido años desde la última vez. Ni siquiera recuerdo por qué fue, ni cuándo, ni cómo, ni por quién. Solo tengo imágenes de un entierro, pero estoy seguro de que debo haber llorado alguna vez desde entonces. No puedo haber estado tanto sin hacerlo.
Lloras por todo pero solo recuerdas aquellos llantos que te seguirán importando por mucho tiempo que pase. Este, sin duda, va a serlo.
Va a ser importante porque conozco el lugar de su nacimiento. Reconozco mi error en su gestación, en mis palabras dichas, en mis silenciosas aceptaciones de realidades y… bueno, en todo. Mi sello está por todas partes. Estoy seguro de que mi ADN haría las delicias de un criminólogo por toda la escena del crimen, facilitaría el trabajo a la Guardia Civil y ahorraría dinero a los contribuyentes.
Estoy por declararme culpable y exonerarte de todos los crímenes.


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